Y después de todo esto, me alegro de ser esa clase de persona necia, cabezota y burra, que aunque sepa y la repitan lo mismo una y otra vez, no lo deja pasar.
Y, ¿por qué? Muy fácil; porque si dejo de luchar, algún día no muy lejano, me preguntaré por qué no seguí luchando y me arrepentiré de haber tirado la toalla. Pero de esta manera, si me arrepiento de algo, será de haber luchado por algo que quise; y creo que me sentiré, probablemente, orgullosa.

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