Nuestros nombres están grabados en aquel árbol, es lo único que queda de nuestra historia, lo único que nos puede hacer recordar que alguna vez nos quisimos, una marca imborrable, un intento de querer hacer de un simple sentimiento algo eterno, y al final nos dimos cuenta de que nada es para siempre, y que aunque pasen los años y nuestros nombres sigan juntos, unidos por un corazón en aquel tronco desgastado, tu y yo no somos más que dos desconocidos que alguna vez soñaron con ser solo uno.
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