- Sabes que no puedes seguir así, tienes que cambiar, te estas haciendo daño.
+ Mira quien habla… el que se refugia en mí cada vez que fracasa, cada vez que le hacen daño y vuelve llorando a donde estoy yo, como un niño pequeño ¿Acaso eso es lo que se supone que es mejor?
- A mí puede que me hagan daño los demás, pero tú te destruyes a ti misma, y eso en mi opinión es aún peor.
+ No sabes de lo que hablas, no entiendes nada, eres demasiado confiado, demasiado ingenuo, yo no me destruyo, me protejo, cosa que tú no sabes hacer.
- ¿Te proteges? ¿Ese es el nombre que utilizas ahora para justificar tus miedos, y tus inseguridades?
+ ¡Yo no tengo miedos ni inseguridades! Solo se trata de dejarse guiar por la lógica, por lo real. Así evitas el dolor, un dolor innecesario, como todos esos golpes que te llevas por sentir y no pensar, a mí nunca me los darán.
- No hace falta que te los den, tu misma te pusiste la condena. Te has pasado la vida desconfiando de todo y de todos, siempre a la defensiva, nunca has querido tener a nadie a tu lado, por miedo a que te falle, por la inseguridad que te provoca esa desconfianza. Has apartado a todos de ti, y ni te imaginas lo triste que es envejecer sola…
---Dijo el corazón a la razón---
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